03/01/11

UNA MUJER HABLA CON UNA GATA

Vi a una mujer hablándole a su gata. La gata, tirada en las baldozas, la miraba atenta. Estoy seguro de que no interpretaba el significado de las frases humanas de su contertulia. Ni el sentido de los movimientos de las manos con los que la mujer enfatizaba lo que decía, como si fuera conversando con una amiga por la calle. Pero la gata la miraba fijo. Era atención, no la concentración ausente de los buenos modales, ni el embotamiento del obnubilado. Estaba absorta, como asimilando algo. La mujer se comportaba con la soltura de quien se siente entendido sin esfuerzo. Como si supiera que la gata estaba comprendiendo, aunque no literalmente, lo que ella estaba diciéndole.

Las miré largo rato desde una esquina del cuarto. Algo en mí pensó que lo que yo veía como un monólogo de la mujer era sólo la parte que me era permitido percibir de un profundo diálogo que se estaba dando en ese momento. La gata y la mujer estaban en otro mundo al que yo no alcanzaba a acceder, vibraban en una frecuencia que yo no lograba sintonizar. Una instancia de la realidad desconocida para mí. Las miré un rato más. La mujer ahora se acercaba y señalaba amorosamente con el dedo a la gata que voleaba suavemente la cola. Esa instancia de la realidad no sólo me era desconocida sino, sobretodo, inconocible. Reconocí otro bache en el aparato con el que trato de entender la vida. La triste certeza de que hay algo esencial que me es ajeno, algo que se mide con otros parámetros para los que no tengo medidas, algo que nunca podré tocar ni con palabras y cuya esencia estará siempre por fuera de mi comprensión, por muy esforzado, por muy estudioso, por muy disciplinado, por muy erudito, por muy brillante, por muy claro, por muy avanzado, por muy intuitivo, por muy agudo que pudiera llegar a ser este espíritu masculino mío.

4 comentarios:

  1. La mujer habita el cuarto de la casa al que no podré entrar aunque sea invitado. Y como un gato miro fascinado sus ademanes y sus formas, tratando de descubrir el signo y revelar su misterio.

    Saludos Migue, que buenos textos. Creo que estaré en Bs As en marzo, si Dios y las otras fuerzas humanas y sobrehumanas no se oponen. Sería Grandioso emborracharnos allá.Saludos.

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  2. "No fue por mero acaso que antiguamente se utilizaban sacerdotisas (como Sibila, en Grecia) para sondar la voluntad divina y establecer comunicación con los dioses". Jung

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  3. El gato, sin duda, tenía algo que se llama rabia.

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  4. o hambre.
    ese gato y tu se encontraron en un vértice irracional, muy ancestral, un portal abierto al profundo ámbito del ser puro.

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